Una manta de lana huele a oveja porque en la fibra quedan restos de la grasa de la lana, también llamada lanolina. Es normal y forma parte de la lana. Lo notarás sobre todo en una manta nueva, nada más sacarla del paquete, y siempre que la lana esté húmeda. Al aire libre, el olor se suaviza, y al cabo de un tiempo, en el día a día, casi nadie lo nota ya.
Lo que ayuda: cuelga la manta unas horas al aire libre, a la sombra y con tiempo seco, y repítelo unos días si hace falta. Después, guárdala en un sitio seco y ventilado. Si la manta huele a humedad o a cerrado, en cambio, ha estado demasiado tiempo húmeda o encerrada. Entonces necesita airearse a fondo y, si eso no basta, una limpieza en la tintorería. El perfume, los ambientadores y el suavizante solo tapan el olor y pueden perjudicar a la lana.
De dónde viene el olor a oveja
Las ovejas producen en la piel una grasa parecida a la cera: la grasa de la lana o lanolina. Envuelve las fibras y protege el vellón de la lluvia y de la suciedad. La lana en bruto, recién esquilada, lleva mucha y huele con fuerza.
Antes de hilarla, la lana se lava. Con ello se va la mayor parte de la grasa, pero no toda. Un pequeño resto se queda en la fibra y, con él, un ligero olor propio. Por eso la lana huele a lana, ya sea un jersey, unos calcetines o una manta. La lana merino también es lana de oveja y puede oler así, igual que una manta de cachemira y merino, con un 10% de cachemira y un 90% de lana merino.
En una manta nueva, el olor suele notarse más. Después de la fabricación, el transporte y el almacenaje, ha pasado un tiempo embalada, y el olor propio de la lana se ha ido acumulando dentro del envoltorio. Al abrirlo, te llega de golpe. Unas horas al aire suelen marcar ya una diferencia clara.
Por qué la humedad aumenta el olor
La lana absorbe la humedad del aire sin notarse mojada. Cuando se humedece, las fibras desprenden su olor con más facilidad. Por eso una manta de lana huele bastante más a oveja en los días húmedos, después de una noche en la terraza o después de lavarla. En cuanto vuelve a estar seca, el olor baja.
Conviene distinguir dos olores:
- A oveja: es el olor propio de la lana. Aumenta con la humedad y se va al aire libre.
- A humedad o a cerrado: la manta ha estado demasiado tiempo húmeda, por ejemplo porque tardó en secarse después de lavarla, se dobló todavía húmeda o pasó mucho tiempo en un trastero o en una bolsa de plástico. Este olor no se va solo. Necesita aire y sequedad.
| A qué huele la manta | Qué suele haber detrás | Qué ayuda |
|---|---|---|
| un poco a oveja, sobre todo si es nueva | restos de grasa de la lana, mucho tiempo embalada | airearla unas horas y repetir si hace falta |
| más a oveja cuando el tiempo es húmedo | humedad en la fibra | dejar que se seque y guardarla seca |
| a humo, a cocina o a mascota | olores del entorno | sacudirla, airearla y cepillarla |
| a humedad o a cerrado | demasiado tiempo húmeda o encerrada | airearla varios días; si el olor sigue, llevarla a la tintorería |
| a oveja después de lavarla | lana mojada | dejar que se seque del todo |
| a humedad después de lavarla | se secó demasiado despacio | extenderla en plano con aire alrededor, darle la vuelta y dejar que se seque por completo |
Airearla: así se va el olor
Airear es el cuidado más importante de la lana y, contra el olor a oveja, también el más eficaz. Nuestras mantas de pura lana virgen (100% lana de Nueva Zelanda), nuestras mantas de merino, de 80% lana merino y 20% poliamida, y nuestras mantas de cachemira y merino (10% cachemira, 90% lana merino) llevan además el símbolo de no lavar. Para ellas, airearlas es el cuidado previsto. Hazlo así:
- Sacúdela. Sacude la manta con fuerza al aire libre. Así se van también el polvo y las fibras sueltas.
- Cuélgala. Échala sobre una cuerda o un tendedero para que el aire le llegue por los dos lados. Lo ideal es un día seco con algo de viento.
- Busca la sombra. El sol directo puede desteñir los colores, y la lluvia y la niebla humedecen la lana y vuelven a avivar el olor. Un balcón o una terraza a la sombra, o un tendedero cubierto, son buenos sitios.
- Dale tiempo. Normalmente bastan unas horas. Si la manta es nueva o el olor persiste, repítelo dos o tres días.
- Cepíllala. Para terminar, pásale un cepillo suave para la ropa en el sentido de la fibra.
Si no tienes balcón ni terraza, también puedes hacerlo dentro: extiende la manta sobre un tendedero delante de la ventana abierta, mejor aún si hay corriente. Un día de invierno frío y seco también sirve para airearla.
Guárdala seca para que no huela a cerrado
El olor a cerrado casi siempre se debe a la humedad. Así lo evitas:
- Guarda la manta solo cuando esté completamente seca, también en los flecos y allí donde la tela va doble.
- Usa una bolsa de algodón transpirable en lugar de una funda de plástico, donde la humedad se queda atrapada.
- Evita los trasteros y sótanos húmedos y las paredes exteriores frías.
- Airea las mantas que han pasado mucho tiempo en el armario antes de volver a usarlas.
- Revisa de vez en cuando la lana guardada: a las polillas les gusta la lana sin airear, en rincones oscuros y tranquilos.
Si la manta ya huele a cerrado, airéala varios días secos seguidos. Si el olor no se va o ves manchas de moho, llévala a la tintorería. En las etiquetas de nuestras mantas de lana aparece para ello un círculo con la letra P. Si las manchas de moho se pueden quitar del todo, te lo dirán en la tintorería.
Lo que conviene evitar
- Perfume y ambientadores en spray: solo tapan el olor un rato. Sobre la lana pueden dejar cercos, y la humedad del spray incluso aviva al principio el olor de la lana.
- Suavizante: no pinta nada en una manta que no se puede lavar, y la lana tampoco lo necesita en ningún otro caso.
- Remedios caseros como el bicarbonato o el vinagre: en una manta que no puede mojarse, luego no hay forma de aclararlos.
- Lavarla en contra de la etiqueta: un lavado que la etiqueta no permite puede afieltrar la manta; qué hacer entonces lo contamos en manta de lana encogida. Y mientras la lana está mojada, huele incluso más a oveja.
- La secadora para refrescarla: incluso un programa corto mete calor y roce en la lana. Según su etiqueta, nuestras mantas de lana no van a la secadora.
- Radiador y sol intenso: el calor y el sol fuerte dañan más el color y la fibra de lo que ayudan contra el olor.
Si la manta huele después de lavarla
Esta parte vale para las mantas de lana cuya etiqueta permite lavarlas; lo que diga la etiqueta es lo que manda. Si una manta de lana recién lavada huele claramente a oveja, es normal, porque la lana mojada huele más. En cuanto esté completamente seca, el olor bajará.
Si huele a humedad, en cambio, ha tardado demasiado en secarse. Extiéndela en plano, con aire alrededor, dale la vuelta de vez en cuando y deja que se seque hasta que también estén secas las zonas gruesas y los flecos. La próxima vez, ayuda enrollar antes la manta mojada en una toalla grande para que se seque más deprisa. Cómo lavar y secar con cuidado la lana que sí se puede lavar lo explicamos en nuestra guía cómo lavar lana merino.
Preguntas frecuentes
¿Se va el olor a oveja de una manta de lana nueva?
Se suaviza mucho. Airea la manta unas horas a la sombra durante varios días. La lana nunca deja de oler del todo, pero en el día a día su olor propio apenas se nota ya.
¿El olor a oveja es señal de mala calidad?
No. Viene de los restos de grasa de la lana que quedan en la fibra después de lavar la lana en bruto. Cuánto lo notes depende, entre otras cosas, de la humedad y de cómo se haya guardado la manta.
¿Por qué mi manta de lana huele a humedad?
Porque ha estado demasiado tiempo húmeda, por ejemplo en un trastero, en una bolsa de plástico o después de lavarla. Airéala varios días secos. Si el olor sigue, llévala a la tintorería.
¿Se puede llevar a la tintorería una manta con el símbolo de no lavar?
Sí, si la etiqueta permite la limpieza en seco. Lo indica un círculo con una letra; en nuestras mantas de lana es una P.



